Dicen los que saben que “uno es lo que come”.

Los desordenes alimentarios (tan en boga en estos últimos años), generan problemas de extrema gravedad: desde la muerte por obesidad, hasta la muerte por inanición en la anorexia; pasando por todo el abanico de padecimientos tanto físicos como psicológicos. Hacemos dieta, llamados públicos a la conciencia para parar la ola de adolescentes anoréxicas, en fin en mayor o menor medida nos escandalizamos y nos comprometemos porque “el cuerpo es el templo del alma” y debe ser tratado como tal.
Ah! Y a propósito… al alma como hay que tratarla?
Ella también es aquello de lo que la alimentamos (al igual que nuestras mentes y nuestras psiques).

Quienes han charlado un par de veces conmigo saben que suelo catalogar al Caos como La Fuente de Juvencia envenenada. Cuando somos adolescentes vivimos en un estado permanente de caos, energías moviéndose dentro y fuera nuestro, descubrimientos, preguntas con y sin respuestas, cambios repentinos, todo crea un ambiente caótico que si bien es estresante (adolescencia viene de “adolescere” -padecer, sufrir- aunque los que somos padres de uno o más de ellos suponemos que la verdadera “adolescencia” es la nuestra, pero esto ya es harina de otro costal), es al mismo tiempo natural. Es decir estamos psíquica, física y álmicamente preparados para este período.

Pasado este tiempo, muchos de nosotros se queda instalado en el supuesto de que si la juventud es caos, el caos es juventud.
Secreta, inconscientemente, evaluamos a la diversión, el estrés, los riesgos, la desorientación, el desasosiego como signos de juventud eterna y los prolongamos hasta muy entrada nuestra edad adulta. No queremos entregarlos, no queremos “aburrirnos”, queremos sentirnos jóvenes irracional y caprichosamente, y del modo más tóxico y más paradójico, porque pasada la adolescencia, no hay nada que nos envejezca más que este estado caótico.

Nos mina física, emocional y espiritualmente, nuestra alma pasa por continuos estadios alternados de desnutrición (por estar desatendida e ignorada) y obesidad (sobreexpuesta a la frustración, la culpa, el autocastigo, la angustia y la desesperación).
Es entonces cuando el alma, abrumada por cargas que no le pertenecen, ve entorpecido (cuando no cegado) su transitar hacia la Luz. Porque, mientras este encarnada, queda a merced de la ley del libre albedrío, que es la responsabilidad suprema de nosotros hacia nosotros mismos. Aquí, solo nosotros decidimos como alimentamos nuestra alma y por ende como queremos que SEA.
Hace poco, después de una lectura con una canalización especialmente intensa una mujer me interpeló airada (sí, porque siempre es más fácil discutir con el mensajero!!!)
-Pero vos no entendés que yo quiero … eso … y no lo puedo evitar por más que me haga m….!!!!!-
Lair Ribeiro suele citar en sus libros que

“SI SIEMPRE HACEMOS LO QUE SIEMPRE HICIMOS,
SIEMPRE OBTENDREMOS LO QUE SIEMPRE OBTUVIMOS”

Si queremos seguir haciendo algo a pesar de que nos destruye, la realidad es que lo que REALMENTE queremos no es ese “ALGO”… es la destrucción. Lo que en verdad estamos tratando de lograr es llenarnos de sombras y desorientación que nos permitan quedarnos en los lugares conocidos porque son los únicos que tienen garantía.

Garantía de que siempre serán igual, de que siempre estarán ahí, de que nuestra posición no va a cambiar en ellos, garantía de que no corremos ningún riesgo de evolucionar y por lo tanto de tener que explorar nuevos territorios de Luz. Sobre todo, garantía de que no perderemos la capa de “víctima de las circunstancias” o nuestro consuelo de “destino común de dolor y sacrificio”.
En definitiva: garantías de estar estancados en el mismo lugar: Inmundo, pero Seguro.
En broma, pero con esperanzas serias alimentadas con su fiaca, una amiga me preguntó una vez si no había -“un mantra para lava bien la ropa-“…
NO, NO HAY.
NO HABÍA ENTONCES COMO NO HAY AHORA.

Solo los adictos lloran suplicando estar mejor y luego le dan la espalda a todo y cruzados de brazos siguen haciendo lo que siempre hicieron.
Así, de algún modo u otro, nosotros somos adictos a nuestra “seguridad”, por malsana que esta sea.
Encarnamos para experimentar y aprender de nuestra experimentación, como dice el Señor Azatrón
ENCARNAR ES DAR TESTIMONIO DE QUE LA OBRA ES PERFECTA PORQUE ES PERFECTIBLE”
Aprender de nuestra experimentación es comprender que, en esta dimensión, nuestra determinación y nuestro compromiso con el Plan deben manifestarse en acciones.

Aquellas cosas que estimulan nuestras falsas seguridades y nuestras sombras siempre estuvieron ahí, y siempre seguirán estando porque esta es la dimensión de la dualidad. El desafío consiste en ser capaces de elegir las bandejas de alimentos álmicos orgánicos y naturales, descartando la comida chatarra del alma.
Esta es la única demostración de que REALMENTE queremos estar mejor, la verdadera señal de nuestro libre albedrío de que estamos listos para recibir todas las bendiciones de Luz y de Cambio que nos están reservadas.

A su vez, un alma bien nutrida fortalecerá nuestra voluntad de seguir nutriéndola, convirtiendo nuestro anterior círculo vicioso en un círculo virtuoso.
Después de todo, si nos ocupamos tanto de nuestros cuerpos como templos del alma, porque no empezamos a ocuparnos de nuestras almas como Seres Supremos de nuestros templos.
INICIEMOS UNA NUEVA CAMPAÑA CONTRA LA ANOREXIA Y LA OBESIDAD ÁLMICA PORQUE ALLÁ CUANDO NUESTROS BELLOS CUERPOS SEAN POLVO, NUESTRAS ALMAS VIVIRÁN POR SIEMPRE.
Que la Providencia Divina ponga ante nosotros los mejores manjares y la Voluntad Divina que habita en nosotros sepa como aprovecharlos.

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Namasté.