En estos últimos 50 días nade en discriminación.

Vi como a mi mejor amiga la discriminaban por uno kilos de más (que solo existen en el ojo de quien la veía) hasta quitarle la sonrisa; vi como los hipotéticos cultores de la paz, el amor universal y libre, le gritaban brutalidades a los que participaban de la marcha del orgullo gay; y en la marcha, vi a cantidades de participantes discriminándose entre ellos por categorías; vi a mi mejor amigo luchando para no discriminarse a si mismo por una serie de elecciones que no pueden ser más privadas ni menos relevantes.

A estas alturas del camino ya sé que si todo el planeta enloqueció y se volvió monotemático es porque es hora de mirarme al espejo. De qué me estará hablando esta vez? Ah sí!!

TODOS DISCRIMINAMOS.

Si vos, como yo, te consideras universalmente tolerante…poneteuna mano en el corazón y pensátelo un par de veces.
Si hiciste una revisión moderadamente honesta seguro que pisaste el palito por lo menos un una vez (daaale no mientas).

Tal vez fue eligiendo acompañante porque era muy alta, o muy bajito, o muy gorda o demasiado flaco, o rubia o muuuy morocha, o comía mandarinas, o tenía dientes chuecos y seguro que lo decretaste antes de que la persona en cuestión dijera “Hola”.

A lo único que no discriminamos es a la Discriminaciónpuede entrar en nuestras casas, en los colegios, en los barrios, en las grandes ciudades, en cada templo…y en cada religión.
Es decir que discriminamos indiscriminadamente.
De hecho, no discriminamos ningún criterio: Genero, estado civil, edad, complexión física, elecciones sexuales, postura, color de ojos, piel, cabello, estatura, posición social, jerarquía laboral, con o sin hijos, gustos musicales, preferencias deportivas; y por nombrar a alguno de los variados criterios que usamos para “catalogar” la calidad humana del “otro”.

Rarísima ves pensamos en su entorno, o su historia, o sus emociones, sus anhelos, sus ideas más profundas: no! para que perder el tiempo en pavadas. Nosotros simplemente sacamos una foto y de ahí inferimos que el otro no puede caminar.
Suelo escuchar que discriminamos porque le tememos a lo que es diferente, por el contrario, la multiplicidad de criterios (incluso antagónicos) de discriminación parece surgir del miedo a la igualdad, al hecho ineludible de que somos todos seres humanos semejantes y entonces el otro “podríamos ” ser nosotros, sin más justificación, por el simple hecho de que también somos humanos.

Y eso nos aterroriza, la sola posibilidad de ser mirados inmisericorde y despreciativamente como parte del grupo de los “menos afortunados” (porque los eufemismos nos hacen sentir mejor) simplemente nos paraliza.Curiosamente la multiplicidad de los criterios hace que, en mayor o menor medida, todos hayamos entrado alguna vez en el grupo de los indeseables.
Porque somos demasiado jóvenes o demasiado viejos, si somos gordos o flacos, si tenemos o no tenemos plata, si somos o no somos “del camino”, si vivimos llorando o nos reímos a los gritos, muy intelectuales o unos irracionales insufribles, si tenemos la mente muy cerrada… o demasiado abierta.

Porque a demás cada uno de esos criterios clasifica la calidad del ser humano en rigor:
Si tenés mucha plata: Seguro estafaste a otros.
Si sos pobre: Vago y sin ambiciones.
Flaco: Un neurótico amargado.
Gordo: Un cómodo sin voluntad.
Serio: Un pesado.
Detallista: Un obsesivo.
Prudente: Miedoso. 

Eso por mencionar solo algunas y no meterme en el hecho de que cada criterio tiene incluso un sub criterio si sos hombre o sos mujer.
Así todos y cada uno de nosotros pasamos a pertenecer para todos y cada uno de nosotros al grupo de “lo indeseables” con el único propósito de estar tranquilos y sentirnos seguros, descontaminados de rarezas potencialmente “contagiosas”, rodeados de gente como uno.
¿Por qué es tan masiva la discriminación?
Etimológicamente DISCRIMINAR viene de “discriminare” que no significa otra cosa más que distinguir.

La discriminación en el uso más literal de la acepción es absolutamente natural y es inherente a todos los organismos vivos.
Se basa en un saludable principio de elección metódica con el fin de averiguar el grada de aptitud del otro individuo de acuerdo a las necesidades del momento (sexuales, alimenticias, de protección, etc.).

La Gaia discrimina y con ella todos los procesos que ocurren en su interior. Para morar la manifestación debemos ser un ego discriminado de dios y para volver al uno debemos ser perfectamente capaces de discriminarnos de la Ilusión.La naturaleza utiliza la discriminación para el proceso evolutivo desechen o propiciando caracteres para el perfeccionamiento del conjunto, y a su vez cuando un grupo o individuo se discrimina del resto superando sus capacidades Evoluciona en algo diferente.Discriminar es un acto de Dios. Ah! si les estoy viendo las caras…
Pero acá esta la trampa, nosotros no discriminamos, nosotros DESPRECIAMOS (Es decir sacamos, en este caso al sujeto, todo lo que lo hace de gran valor).

Una vez leí que”…el americano promedio relega al negro a la condición de lustrabotas y de ahí deduce que solo sirve para lustrar las botas.”

Y esto es exactamente lo que hacemos, establecemos un prejuicio con poco o ningún fundamento y desde él inferimos que esa persona no es nada más y debe ser aislada.Despreciamos por la misma razón que hacemos suposiciones: Porque esto calma nuestra angustia frente a lo desconocido. E increíblemente este también es un fenómeno natural.
Es una función de la mente llamada Consistencia que se dedica a rellenar con conjeturas basadas en información indiscriminada (vale decir que puede ser cierta o no, subjetiva o no) los espacios en blanco de un suceso, una situación o en este caso una persona para que deje de ser un desconocido y no nos produzca más temor.Este fenómeno de la consistencia apacigua nuestra amígdala cerebral y nos proporciona calma. Es un mecanismo de supervivencia que ahora, se torno vicioso y como tal corrupto a expensas de una cultura que se basa en las apariencias y que confunde orden con encasillamiento.

En resumidas cuentas suponemos y despreciamos por la misma razón: porque no aterra no saber. No saber que piensa el otro, porque hace lo que hace o porque piensa lo que piensa.
Este desconocimiento, sumado a la posibilidad real de que lo que le pasa al otro podría pasarnos a nosotros simplemente porque también somos humanos, nos atemoriza ante la posibilidad de que no supiéramos como operar bajo esas circunstancias y quedásemos desprotegidos.Así que hacemos la del tero (en un lado grita…) para que no se nos note el susto, si el otro es poca cosa, sus circunstancias son poca cosa y entonces no hay nada que temer.

Ahora, si acordamos que hablamos de desprecio por la condición del otro y no de distinción, y que la multiplicidad incluso antagónica de criterios de discriminación nos ha colocado a todos en mayor o menor medida en el grupo de “los indeseables”, y sumamos a todo esto el hecho de que lo que sucede en nuestro entorno siempre es un espejo de lo que sucede en nuestro interior llegamos al nudo del problema.

En mayor o menor medida, más o menos conscientemente toso nos despreciamos a nosotros mismos. Todos nos miramos en el espejo empañado de nuestro auto juicio y nos quitamos los valores que nos hacen preciosos, es decir de incuantificable valor..Los que me conocen saben que soy una defensora de las causas hacia el interior.
No creo que haya nada en el exterior que podamos cambiar coyunturalmente mucho menos solos, pero en nuestro interior somos capaces de la transformación más bella y más perfecta: La que nos revela como Dios.

Así que aprendamos a discriminar ELECCIÓN de DESPRECIO, apreciemos nuestras elecciones y discriminemos nuestros desprecios. Aceptemos el conjunto de nuestra humanidad como un diseño perfecto listo para ser llevado a su condición de divinidad y encontrar en el espejo el único reflejo que nos discrimina (nos distingue) EL REFLEJO DE DIOS.

Y entonces, sin proponérnoslo, seremos capaces de ver este reflejo en los ojos de quienes nos rodea y aún así tener el albedrío de elegirlos o no.Por lo demás… no te olvides que el desprecio se gesta en los ojos de quien te mira pero solo se puede hacer carne en los tuyo.

VOS SOS LO QUE PENSÁS.
(Dos meses… “ME HIRVE LA CABEZA”!!!)

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Namasté.

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