Estos últimos días he hablado con montones de personas sobre lo bueno o malo del 2008, sobre lo útil o inútil de algunos actos, o maestros o intenciones, sostuve una charla poco lucida conmigo misma sobre el valor de mi trabajo y una charla telefónica de 2 horas con una amiga que trataba de hacerme ver “La vie en rose” desde adentro de una caja de zapatos sin agujeritos (me precio de tener amigos amorosos y tenaces de clasificación olímpica).

De hecho la reflexión del mes de diciembre del 2008 (que fue más bien un mensaje y decidí no postear) empezaba con un juicio. Si, juicio.

Enjuiciar nos hace sentir a salvo, nos hace estar en control de las circunstancias que sabemos (aunque sea de modo inconsciente) que nos reflejan. Enjuiciamos al otro porque nos tememos tanto a nosotros mismos que, como un mecanismo de defensa, extendemos ese miedo como una mancha de petróleo a cada rincón de nuestro ser y desde allí salpica todo lo que vemos y tocamos.
Enjuiciar implica la aplicación de parámetros y los parámetros son  SIEMPRE  Subjetivos. Pueden ser más o menos populares, pueden estar más o menos normalizados, ser más estrictos o más tolerantes pero SIEMPRE SUBJETIVOS, porque la cantidad de sujetos no cambia la subjetividad.
De hecho hemos construidos nuestra realidad basada en los parámetros que nos construyeron primero nuestros padres y autoridades varias, y que con el tiempo fuimos, con mayor o menor éxito, sosteniendo, modificando o simplemente cambiando de lugar pensando que hacía la diferencia. Esto es lo que los Toltecas llamaban Acuerdos.

Sin embargo, en esta tarea agotadora de mover puntales de acá para allá por nuestro universo no siempre caemos en la cuenta de que el verdadero problema son los puntales en sí.
Nuestro Pequeño diccionario de Juicios Ilustrado contempla una gama variada de posturas “juiciosas” (!?)

EL JUICIO DESDE LA PERFECCIÓN
Yo, este ser humano perfecto que alumbra con su gracia el espacio de los seres imperfectos que me rodean, tengo a bien regalar a todos con mi sabiduría explicándoles porque están condenados a hacer todo mal.
Se resume en el famoso
“Hay Dos Maneras De Ver El Mundo La Equivocada Y La Mía”
Traducción:
Tengo miedo de que descubras que te mentí para ganarme tu amor y cayendo la venda de los ojos deba yo enfrentarme a la caída de la mía.

EL JUICIO DESDE LA IMPERFECCIÓN
Yo, El ser más impío e inservible de este lado del universo no puedo sino tener… (Inserte aquí: Hijos, amigos, parejas, compañeros de trabajo, otros) nacidos en igual condición y destinados , junto conmigo a vagar por la tierra de las sombras sin valor.
Se resume en el famoso
“Dime con quién andas y te diré quién eres”
Traducción:
Tengo miedo de descubrir que los demás son mejores puesto que esto implicaría que yo soy mejor, y me situaría en la incómoda posición de tener que abandonar mi cómodo papel de despojado de luz y tomar activa participación en mi propia vida.

EL JUICIO COMPRENSIVO
Yo comprendo que vos te equivoques (y/o seas imperfecto y/o reacciones humanamente).
Por supuesto que soy capaz de comprender y aceptar cosas en vos que no me perdono en mí, porque en mi caso es diferente.
Se resume en el famoso
“Haz Lo Que Yo Digo Más No Lo Que Yo Haga”
Traducción:
Tengo miedo de pertenecer a la seguridad del grupo a través de la integración de sus características porque la menosprecio. Está bien que VOS te equivoques porque… bueno, sos humano. En cambio yo soy yo, y a mí no se me toleran ese tipo de errores mediocres que amenazan con insertarme en un contexto social.

EL JUICIO HONESTO

Yo digo las verdades tal cual como me saltan a la vista, las tengo que decir así sin anestesia porque ante todo yo soy una persona muy frontal y muy honesta. No importa lo corrosivo, desequilibrante o angustiante que te pueda resultar, porque no importas vos, importa que yo vomite este juicio fuera de mí y lo estampe directo en tu cara (cuando no en tu corazón)

Se resume en el famoso
“Al Pan, Pan y al Vino, Vino”
Traducción:
Tengo miedo de tener que tragarme esta verdad de mi mismo que se instala en mi garganta al ver que ciertas ideas, actos, o modos de vivir tuyos atentan contra la escenografía de mi vida e incluso hacen peligrar tu permanencia en ella si no cambias. Tendré el valor de dejarte ir? Tendré el valor para creer en mí lejos de vos?

EL JUICIO CON REHENES
(Solo para profesionales altamente entrenados)
El morbo de la complejidad!!!

Yo te tomo de rehén y te hago víctima de mis peores atributos hasta que corrompo tus diques de paciencia, urbanidad e incluso amor si es necesario (si lo vamos a hacer…) y me ahogas en un tsunami de de juicios, reproches y odio que me deja revolcada en mi propio barro de culpas, indignidad, autodesprecio y frustración. Sin mencionar el vacio que te deja a vos por haber sido utilizado como instrumento de juicio y castigo.

Se resume en el famoso

“Si Tenés Algo Que Decir Decímelo De Frente”

Traducción:
Tengo muchísimo miedo del monstruo que veo todas las mañanas en el espejo y me aterra pensar si será esta la mañana en que lo descubras y me abandones, así que lo exhibo provocativa, impúdicamente desafiándote a tomarme como soy en señal de verdadero amor.

DIME LO QUE TEMES Y TE DIRÉ A DÓNDE TE DIRIGES.

El juicio es miedo, miedo al dolor, al abandono, a hacernos cargo, a elegir, a perder, a no ser dignos, a buscar, a poder, a estar de más, a ser sombras, a ser luz, a cambiar, a reconocer que somos distintos…
El miedo es la reacción de un ego en sombras que no comprende su condición divina y de ahí deduce que es un abandonado de Dios.
Hay un planeta ideal, un universo utópico en el que el juicio no existe y al que tenemos derecho a aspirar cuando todo sea perfecto. Entre tanto podemos ir dando pequeños pasos.

“EN ESTE MUNDO TRAIDOR
NADA ES VERDAD NI ES MENTIRA,
TODO ES SEGÚN EL COLOR
DEL CRISTAL CON QUE SE MIRA”

Perdonemos:

Simplemente es imposible apartarnos de la adicción al miedo y al juicio si no tenemos paz, y no es posible tener paz sin un corazón liviano, libre de rencores y de culpas. Hay miles de “fórmulas”: los puntos de gracia de los Registros Akáshicos, la oración de Ho’oponopono, las meditaciones del perdón… da igual, de todos modos minguna dará resultado si no la hacemos con la convicción de cambio, la conciencia abierta y el corazón dispuesto, y si tenemos todo eso basta con que extendamos un manto de perdón humilde y sincero para todos aquellos que hemos dañado o que nos han dañado, sin olvidarnos de nosotros mismos, para luego dejarlos ir en paz.

Replanteemos los parámetros:

Seamos capaces de ponernos en el lugar del otro, de contextualizarlo, como así también a las circunstancias y los sucesos.


Evitemos los bueno o malo, decente o indecente, justo o injusto y tratemos de reemplazarlo por visiones humanizadas, preguntemos en vez de suponer, construyamos puentes en vez de abrir brechas y extendamos los brazos. Nunca deja de sorprenderme todo lo que es capaz de decir y sanar un abrazo.

Liberemos para liberarnos:
Es posible que estemos en un punto dónde una circunstancia o una relación despierta nuestra necesidad de enjuiciar o ser enjuiciados, situaciones que se sostiene por miedo a la soledad o a la pérdida. No hay mayor soledad que la que vernos despojados de nuestra propia identidad de luz, ni mayor pérdida que la del gozo y la paz de nuestros corazones.

Respiremos profundo, abramos el pecho, despleguemos las alas y dejémonos ir en libertad a la búsqueda de nuevos cielos limpios y auténticos. De igual modo bendigamos lo que dejamos atrás como al “maestro” que nos enseño a decir NO, sin rencor, sin odio, pero con determinación.

Busquemos lo positivo:

Aun cuando no siempre es fácil, siempre es simple elegir nuestra realidad, con la conciencia de colores y formas diferentes.
Acopiemos para nosotros la conciencia de ser los artesanos de nuestro eterno presente y que podemos generar acuarelas en todas sus direcciones con las imágenes que queramos crear e incluso re-crear.


Reconozcamos con alegría el valor de la perfección divina en cada gesto, en cada persona y en cada una de nuestras circunstancias; no con la sonrisa pálida del que está en una fantasía aislante sino con la expresión relajada y alerta de quién comprende que todo tiene un propósito pero que el propósito de todo es también perfeccionarlo en un acto de creación voluntaria.


No hace falta que permitamos eternamente que nos golpeen la otra mejilla (un error conceptual de la ciencia de la paz que predico el Cristo) sino que no nos convirtamos en los

“25 uniformados que fueron a la campaña, todos con armas de fuego pa` fusilar una araña”

con el otro, pero especialmente con nosotros mismos.

Si hemos juzgado al otro es porque antes nos hemos juzgado a nosotros mismos impiadosa, agresivamente. Cultivemos la auto comprensión y aceptación, valoremos nuestros aspectos luminosos y no busquemos siempre opacarlos entre sombras.

Ni siquiera nosotros nos conocemos los suficiente como para juzgarnos… cuántas veces has sido capaz de hacer o decir cosas que creías que no podrías?, cuántas veces has sido tan generoso o tan mezquino que no lo podés creen de vos mismo?

El único que nos conoce completamente y está capacitado para juzgarnos es Dios, y amorosamente no lo hace…

¿QUIÉN DE NOSOTROS ES MÁS GRANDE QUE DIOS?

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NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Namasté.

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