Cuando pensamos en nosotros como una sociedad nos damos cuenta de que vivimos regidos por valores que tal vez no nos representen como individuos, pero que a fuerza de estar masificados terminan por definirnos. Respondemos a convenciones y a prejuicios, muchas veces sin siquiera plantearnos si eso es realmente lo que habita en nuestros corazones…

Nos dejamos llevar por apariencias, por roles, por modelos.

Los Medios de comunicación de toda índole, gastan horas y fortunas en decirnos cómo tenemos que vernos, cómo tenernos que portarnos, cómo tenemos que vestirnos (y cómo tenemos que desvestirnos), cómo tenemos que vivir, como deberíamos morir, como fallamos al no vivir por siempre.

Es decir, que viven diciéndonos todo aquello que alguna vez nos dijeron nuestros padres y por lo que nosotros nos revelamos en algún momento, con justa razón, defendiendo nuestra libertad y sobre todo nuestra soberanía personal (a pesar de saber que lo hacían con buenas intenciones). Y frente a los medios (creados por nosotros, sostenidos por nosotros, alimentados por nosotros, totalmente ajenos a nosotros y a nuestros reales intereses) nos quedamos calladito, quietitos, obedientes, sumisos, estúpidamente felices de tener alguien que sepa lo que nos conviene.

Pero todo lo que vive resiste y EL BUSCAR, TOCAR, y SENTIR, son cosas resilientes.

Entonces van más allá, y nos inventan restricciones religiosas, morales, sexuales, conceptuales, sociales. Nos inventan roles, posturas, ideales, estructuras, formas… y nos las machacan “con la leche temprana y en cada canción” (Serrat)

Y que el pecado, que la condenación, que la imagen, que la posición, que lo correcto, que lo debido, que la reputación.

(A propósito de “Reputación”: A nadie le llama la atención lo curioso de la composición de esa palabra para lo que significa? : Los sustantivos derivados del infinitivo que terminan en “ción” se leen como “Acción”… NegociAcción, GobernaAccion… Reput…hace falta que siga?)

Pero todo lo que vive resiste y EL BUSCAR, TOCAR, y SENTIR, son cosas resilientes.

Y como todo no alcanza, llegan los virus…

Que el Sida, que la influenza, que el dengue, y la chicungunya, que la gripe voladora, chancha, burra, perra…y que me muerdo la lengua, si no, sigo. Y la paranoia, y más miedo.

Porque, al fin, todo es el miedo…

Tenemos prejuicio, justamente porque tenemos miedos: A parecernos, o a ser diferentes. Tenemos restricciones morales y religiosas porque tenemos miedo de mirarnos a los ojos y darnos cuenta que:

NI TAN CIVILIZADOS AL FINAL!!

Y que cuando el deseo apremia y la carne urge, cuando el odio grita, o la ira atormenta somos más reconocibles como instintos salvajes que como seres sociales. Y eso a la sociedad le da miedo.

Tenemos miedo a besar, saludar, tomar colectivos, tender una mano “-porque andá a saber qué tiene el otro-”.

Tenemos barbijos en la boca, en la razón, en la emoción, y, dolorosamente, en el alma…

Nuestros prejuicios se instalan tanto que hacen de nosotros nuestra primera víctima. Nos observamos fragmentados, nos juzgamos gramo a gramo, centímetro a centímetro, pulsión a pulsión, sentimiento a sentimiento y nos olvidamos que no podemos ser vistos de este modo, que somos un “Uno” integrado en nosotros, con el cosmos y en Dios.

Y, claro, al olvidarlo en nosotros lo olvidamos en los otros, pretendemos que el otro quite de delante de nosotros las partes de él que no nos gustan, que no encajan. Que se diseccione para nosotros como nosotros nos diseccionamos, que suba de nivel, que baje de peso, que tenga, que no tenga, que hable menos, más, distinto, que sea sólo la parte que nos agrada, y que además no deje de estar pendiente de nosotros, nos siga cuidando los chicos, prestando plata, sacando del apuro, escuchándonos de noche, lamiendo las heridas, tapando las goteras…

Porque no queremos hacer una elección consciente de cuánto vale esa persona para nosotros y desde ahí elegirla… o no, sabiendo que no está en nosotros el poder de cambiarla.

Ahhh, No señor!!!

Lo que queremos es que el otro se parta en mil pedazos, se olvide de sí mismo, se corrompa, se anule, así nuestro olvido, nuestra partición y nuestra auto corrupción no sean tan notorias.

Y ESTO, SIMPLEMENTE, ES UN PECADO.

En el sentido más estricto de su etimología. Somos Seres completos, y tenemos el derecho y el deber de tratarnos, y ser tratados como tales.

Siempre va a haber cosas en el otro que nos resulten desagradables, en la imperfección que está implícita en la materia siempre habrá material de sobra para hacernos dudar de elegir o no elegir.

También sabemos la Gracia de autoconocimiento que se esconde tras este “espejo de desagrado”.

No pretendo tampoco abogar por la quimera de que todos amen a todos sin distinción, y sin que un solo pensamiento controvertido pase por sus cabezas. Y mucho menos pretendo que se echen por

la borda convicciones elegidas ya que yo esté o no de acuerdo con ellas. No son tiempo aún. Pero sí son tiempos de empezar a construir los tiempos.

Durante mucho tiempo hemos practicado, con maravillosos resultados, ejercicios del Perdón. La nueva energía nos invita a ir más allá, nos invita al ejercicio de la Integración, porque cuando hablamos de perdón hablamos de falta, de error, de juicio sobre lo bueno y lo malo, correcto e incorrecto, permitido y prohibido.

La Integración nos habla de tomar cada aspecto de nosotros mismos, cada decisión, cada acto de nuestras vidas y verlo como una herramienta que fue útil para convertirnos en quienes somos hoy.

Elegida por nosotros, en el uso de nuestro Libre Albedrío que siempre está contenido en la Sabiduría divina y como tal lo que necesitamos es integrarla amorosamente, dejándola libre de toda carga emocional que posea, en la conciencia de que siempre podemos modificar la elección de nuestras herramientas.

No se trata de ser “mejores” … sino de caminar hacia el ideal que tengamos de nosotros mismos, para sentirnos más felices y en paz quienes somos.

Así, al permitirnos vernos como Seres Íntegros y completos nos será posible ver al otro del mismo modo… y la quimera deja de ser quimera, como siempre que la iniciamos desde nosotros mismos.

PARA QUE ELEGIR Y ELEGIRNOS
SEA UN ACTO DE AMOR HACIA NOSOTROS MISMOS
Y HACIA EL OTRO
Y NO UNA SUCESIÓN INFAME
DE DESPRECIOS IMPUESTOS.

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NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Namasté.

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