De los verbos posibles ninguno es tan difícil de conjugar como el de “Amar”

Dar y recibir amor es un arte que se aprende por ensayo y error, y muchas veces con los ojos cubiertos de sal.
El inconsciente colectivo otorga al amor características muy definidas.
Es intempestivo, irrefrenable, tormentoso, cegador, subversivo. Bloquea la razón nublando juicio e incapacitando al individuo a tomar decisiones de provecho.

Se le han dedicado canciones gimientes, letras ensangrentadas, ríos de papel y tinta en el pasado, y actualmente miles de billones de bit de información.
Visto bajo esa luz parece más el virus del Ébola que un sentimiento divino, nacido de lo mejor de nuestra naturaleza y destinado, justamente por eso, a reencontrarnos con la divinidad.

Sin embargo eso que se describe popularmente no se relaciona tanto con el amor como con la tormenta de sensaciones que se desata durante el enamoramiento en un rush de deseo, hormona y necesidades internas depositadas en él otro.
(VER: OJALA TE ENAMORES PARTE I )

Los griegos discriminaban dos clases de amor:
EROS Y ÁGAPE.

El primero, turbulento y devastador, estaba regido por la lujuria, el apremio y el instinto sexual, tanto recreativo como de procreación.

El segundo, mucho menos “rutilante”, era la suma de la serie de pequeñas fibras que, nacidas de uno, encontraban su otro extremo en el otro.
Una serie de coincidencias, grandes, pequeñas, ínfimas, de empatías profundas, de reciprocidades naturales que podía o no ir acompañado de deseo físico.
Entre la miríada de sentencias (que parecen haber tomado calidad de axiomas) se encuentra esa que dice:

“UNO NO ELIGE DE QUIÉN ENAMORARSE”

Una nube de humo tras la que solemos ocultar u tendencia de nuestro “depredador interno” a dirigirnos hacia personas que nos sirven de instrumento para infringirnos dolor a nosotros mismos, ya sea a través del sufrimiento o de la indiferencia.
Si media un trabajo profundo de consciencia, podremos usarlo, eventualmente, como un modo de aprendizaje, pero los costos emocionales y sensibles son terribles., y unua genuina adultez emocional se caracteriza también por desechar los aprendizajes “a cualquier precio”.

Sin embargo, no es menos cierto que, ya sumergidos en la vorágine, es muy difícil discriminar las circunstancias REALES que dispararon esa relación, y por lo tanto es más simple adherir a la creencia justificadora de que hemos sido fatalmente arrastrados,
“No se puede elegir a quien amar”

Porque en los hechos, lo que uno no puede elegir es con quién empatizar químicamente, ya sea desde las hormonas o desde los neurotransmisores que dibujan el mapa de químico de nuestro trauma, pero en modo alguno esto SENTENCIA que uno no puede
SELECCIONAR CONSCIENTEMENTE a quién amar.

Elegir a quién amar es un acto que demanda de altos niveles de atención y disciplina, pero sobre todo de un profundo amor hacia nosotros.
Implica, antes que nada, comprender que cuando dos se encuentran todo es posible independientemente de las intenciones previas de cada uno.
Por lo tanto antes de profundizar en los encuentros es necesario mirar con ojo calmo y sabio a la persona que tenemos enfrente.

Es preciso dar un paso hacia atrás para lograr perspectiva al mirar, para poder mirarnos a nosotros mismos también y definir a que se deben las variaciones de nuestra emoción.
Implica, además, pensar con amoroso cuidado qué tenemos para ofrecer en esa relación en particular y qué tienen para ofrecernos tanto la relación en sí misma, como la persona que la integra.

También es necesario ser capaz de trascender el grito interno de inmediatez, motorizado por el instinto y la química física, para dejar que el curso de los encuentros manifieste la verdadera naturaleza de ambos (con sus luces y sus sombras) y ser capaz de verla.
Porque en medio de la tormenta pasional lo único que vemos en el otro es lo que nosotros le otorgamos para que “encaje” en nuestro ideal.

Recién entonces estaremos listos para AMAR, plenamente, dándonos y recibiendo al otro, integralmente, sin miedos, sin zonas a esconder.
Porque es un paso de una influencia total en nuestras vidas. Elegir compartir la vida con otro implica estar atado a perpetuidad con su destino.
Ser bendecido con sus aciertos, y maldecido con sus desaciertos, al punto que a veces ese desacierto puede crear en nosotros una eternidad de vacío, y viceversa, y esa no es una consecuencia como para ser tomada a la ligera.
Porque aprender por el dolor puede ser, por supuesto, nuestra prerrogativa…pero NO nuestra obligación.

Si creés que es muy esforzado,
Muy frío,
Muy demandante,
Muy racional, muy aburrido
Dejame preguntarte:

Hasta ahora…
cuánto éxito han tenido tus relaciones?,
cuánto has sido feliz?,
cuánto has llorado?

Si tus respuestas demuestran que yo estoy errada y vos en lo cierto…
ENHORABUENA!!!!
Significa que en tu vida yo estoy FELIZMENTE equivocada.

Pero sino…nada cuesta intentar algo distinto.

” Locura es hacer siempre las mismas cosas, esperando cada vez resultados diferentes”.
(A. Einstein)

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Namasté.

Written by Sri Ganga Mata Daniela

COACH ONTOLÓGICO CERTIFICADO, SOFROLOGA, PERSONAL & PROFESIONAL MENTORING CONSULTORA EN AROMATERAPIA PSICO-EMOCIONAL Enfoques transdiciplinarios para la Realización, Evolución y Trascendencia del Individuo, su calidad de vida y su universo emocional