Dado que cuando uno elije el universo conspira, muchas de mis consultas, de mis vivencias y de las conversaciones que mantengo tienen relación directa con eso.
Una consulta me recordó el poder increíble que tenemos. Y cómo somos , a veces, capaces de usarlo para hacernos daño, porque el “HACER” se vuelve compulsivo y no deja espacio para el “ESTAR” , y eso incluye el  ESTAR SIENDO”
Y así cae la gota que me rebalsa el vaso de este río manso de palabras…
GANGA MATA AL FIN

Dar? Recibir?
Buscar? Esperar?
Ser? Hacer?
Acto? Idea?

Paso por un período de crecimiento interior en relación con la voluntad, las capacidades y el esfuerzo. Buscando redefinir dónde va el esfuerzo por conseguir, y donde la confianza por esperar que llegue.
Tendemos a referirnos a estas como opciones, como modos que se privilegian sobre los otros, como actitudes en que nos distinguen e incluso nos alzan o nos minimizan, ya sea el caso, por sobre el resto de las personas.

Hemos sido educados para ver los dos extremos de una misma línea como cosas ajenas entre sí, inmiscibles incluso, confundiendo distancia con separación.
Pero lo uno no tiene identidad sin lo otro. Se definen por oposición.

  • Qué sería “DAR” si no existiera un “RECIBIR”?

  • Cómo sé que “ME MUEVO” si desconozco qué es “ESTAR QUIETA”?

  • Cómo se identifica un “SER” sino a través de su “HACER” y cómo se gestaría un “HACER” sino mediante un “SER”.

La mañana está fresca y levemente nublada después de tres días de un sol a pleno y un calor agobiante, y mi aprecio feliz por esta frescura, nace de la consciencia de CALOR gestada en esos días.
En un tiempo, cuando el invierno tiña mis percepciones de frío y gris, una mañana como esta será amada por cálida y luminosa. Son las comparaciones las que establecen los calificativos.

Mi CONDICIÓN DE SER DIVINO, se define como tal porque hay una CONDICIÓN HUMANA que le sirve de parámetro para poder distinguirla. Mi CONDICIÓN HUMANA, a su vez, se define porque hay una CONDICIÓN ANIMAL o VEGETAL para servirle de parámetro y distinguirla.
Mi condición de MUJER se define frente a la condición de HOMBRE.
Mucho de lo que SOY se define por lo que NO SOY.
De otro modo, todo sería un “SER ÚNICO” una verdad absoluta, ininteligible e imperceptible incapaz de conocerse a sí misma. Dios se conoce y se experimenta a sí mismo a través de definirse más allá de su absoluto y manifestarse.

Mi concepción misma es producto de la pasividad de una espera y la proactividad de una carrera competitiva.

El Óvulo nunca se cuestionó si sería encontrado, jamás dudó de merecer ser fecundado, nunca creyó necesario salir a la búsqueda de los espermatozoides. El Espermatozoide nunca dudó de su capacidad, su velocidad o su energía, nunca desconfió de su valor y temió ser rechazado, tampoco se le ocurrió quedarse esperando a que el óvulo viniera a su encuentro. Cuando el espermatozoide llegó al óvulo lo hizo vibrar, cuando el ovulo recibió al espermatozoide lo hizo detenerse.

La concepción,  es el producto de LO MEJOR Y MÁS LUMINOSO del YIN y el YANG.

La sociedad occidental suele emparentar al Yang con la expresión del Poder, el motor, la acción, el éxito, y al Yin como lo estático, lo que no busca, lo que no merece. Sin distinguir que para poder llegar a la acción asertiva ha sido necesario un periodo de reflexión, de concentración, de comprensión interior, y para llegar a la quietud y al silencio fue necesario trabajar duro acallando voces innecesarias, recorriendo caminos hasta encontrar el lugar donde “quedarse”.
Cada estado en la materia tiene su opuesto complementario, y cada uno de estos opuestos tiene, a su vez, un aspecto sombrío y otro luminoso.

El agua que nunca se mueve se vuelve putrefacta, la que nunca se detiene se vuelve destructiva. Aquella que aprende a moverse permanece renovada y limpia, aquella que aprende a aquietarse promueve la vida.

Porque algo “PUEDE” ser hecho, no significa que “DEBE” ser hecho, porque algo es “MENOS PROBABLE” no significa que deba ser descartado por “IMPOSIBLE”.
Cada decisión en nuestras vidas, cada elección, es una renuncia a lo no elegido para abrir paso a una experiencia, y esa experiencia como cada interacción con nuestro entorno, requiere de un ajuste , de una nueva calibración entre aspectos Yin y Yang.
Suponer que uno se privilegia o es más valioso que el otro,  es dejar de lado una parte constitutiva e imprescindible del todo. 
Es parcializarnos, condenarnos a una operatoria rígida que tiene asegurado sólo el 50% de éxitos posibles.

SOMOS MUCHO MÁS QUE ESO.
MERECEMOS MUCHO MÁS QUE ESO.

MERECEMOS LA SINERGIA QUE SE PRODUCE AL UNIR LOS EXTREMOS DE UN TODO Y CONVERTIRLO EN MUCHO MÁS QUE DOS

 

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Namasté.

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para dejar de amar,
un tiempo de guerra y un tiempo de paz. “

(Eclesiastés)